- Maria Brenilde Uribe Lemus
- Ago 13, 2026
Quibdó, Chocó.
Cerrar un proyecto no significa necesariamente ponerle punto final a un proceso. Cuando las acciones desarrolladas logran fortalecer capacidades locales, generar apropiación y sensibilizar a las comunidades frente a su papel en la protección del territorio, el cierre se convierte en el inicio de una nueva etapa: aquella en la que lo aprendido, construido y concertado debe continuar de la mano de quienes habitan el territorio.
Con esta perspectiva, el Instituto de Investigaciones Ambientales del Pacífico culmina la ejecución del Convenio No. 023 de 2025, desarrollado en alianza con el Fondo para la Vida y la Biodiversidad, en el marco de las acciones orientadas a la recuperación integral de la cuenca del río Atrato.
La iniciativa responde a los compromisos derivados de la Sentencia T-622 de 2016, histórica decisión mediante la cual la Corte Constitucional reconoció al río Atrato, su cuenca y afluentes como una entidad sujeto de derechos a la protección, conservación, mantenimiento y restauración. En este contexto, el proyecto aportó particularmente al desarrollo de acciones encaminadas a la recuperación de ecosistemas y al fortalecimiento de la gobernanza ambiental en el territorio.
Restaurar ecosistemas, pero también fortalecer capacidades.
Uno de los principales resultados del proyecto fue la intervención de 343,14 hectáreas, en las cuales se establecieron 209.670 individuos de especies nativas, mediante acciones de restauración activa y enriquecimiento, articulando conocimientos técnicos y científicos con los saberes y prácticas de las comunidades.
Sin embargo, los resultados del proceso trascienden las cifras de restauración. Durante su ejecución se promovió la participación directa de las comunidades, organizaciones de base, consejos comunitarios, jóvenes, liderazgos locales e institucionalidad, reconociendo que la sostenibilidad de cualquier intervención ambiental depende, en buena medida, de la capacidad de quienes habitan los territorios para apropiarse de los procesos y darles continuidad.
Por ello, paralelamente a las acciones de restauración, se desarrollaron procesos de formación, sensibilización, fortalecimiento de capacidades y participación comunitaria, orientados a generar una mayor comprensión sobre la importancia de proteger los ecosistemas, ejercer una gobernanza ambiental responsable y asumir compromisos colectivos frente al cuidado de la cuenca.
Las familias y comunidades no fueron entendidas únicamente como beneficiarias del proyecto. Su participación en actividades de establecimiento, siembra, monitoreo y restauración permitió reconocerlas como protagonistas y corresponsables de la sostenibilidad de las acciones desarrolladas.
Una apuesta construida con las comunidades
El trabajo conjunto involucró a los consejos comunitarios y organizaciones del territorio, entre ellos COCOMACIA, COCOMOPOCA, el Consejo Comunitario de Paimadó y el Consejo Comunitario de La Molana, fortaleciendo un modelo en el que la restauración ecológica dialoga con la gobernanza territorial, los conocimientos tradicionales y las formas propias de relacionamiento con la naturaleza.
Este componente resulta fundamental porque permite que, más allá de la duración contractual del proyecto, permanezcan conocimientos, herramientas y capacidades humanas que pueden ser aplicadas y replicadas en los territorios.
Como lo expresó, el director general del IIAP, William Klinger Brahan:
“No se trata solo de sembrar árboles, sino de asegurar el sustento de nuestras familias y la sostenibilidad ambiental para las futuras generaciones”.
Esta visión resume uno de los mayores propósitos del proceso: comprender que restaurar no consiste exclusivamente en recuperar cobertura vegetal, sino también en fortalecer relaciones comunitarias, conocimientos, compromisos y capacidades para garantizar que lo recuperado pueda conservarse en el tiempo.
El proyecto termina; el compromiso continúa
Con el cierre de esta etapa comienza quizá uno de los momentos más importantes: la sostenibilidad de lo alcanzado.
La capacidad instalada, el conocimiento compartido y el trabajo de sensibilización desarrollado constituyen una base para que comunidades y organizaciones continúen ejerciendo un papel activo en el cuidado, monitoreo y conservación de los territorios intervenidos.
De esta manera, el cierre deja una puerta abierta a la continuidad. Una puerta que deberá mantenerse mediante la articulación entre comunidades, organizaciones de base, consejos comunitarios e instituciones, reconociendo que la recuperación de la cuenca del Atrato demanda procesos sostenidos y responsabilidades compartidas.
Para el IIAP, este cierre reafirma además una premisa que orienta su presencia en el Chocó Biogeográfico: “cada proyecto debe procurar dejar en el territorio algo que trascienda su periodo de ejecución: personas fortalecidas, capacidades instaladas, organizaciones apropiadas de los procesos y comunidades conscientes de que la sostenibilidad de los resultados también está en sus manos”.
El Convenio 023 de 2025 culmina, pero la restauración, la protección y el compromiso con el territorio continúan. Porque el verdadero resultado de una intervención ambiental no se mide únicamente por lo alcanzado durante su ejecución, sino por la capacidad que queda instalada para conservar, multiplicar y defender esos logros en el tiempo.

Instituto de Investigaciones Ambientales del PacíficoJohn Von Neumann